📖 1 Corintios 6:18–20 (NVI)
“Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.”
✝️ Reflexión y Explicación
Este pasaje es una exhortación directa y poderosa de parte del apóstol Pablo para vivir con pureza sexual, entendiendo el valor que tiene nuestro cuerpo como parte de nuestra vida espiritual.
1. “Huyan de la inmoralidad sexual”
Pablo no dice que intentes resistir o lidiar con la tentación sexual—te dice que huyas. Es un llamado urgente a alejarte por completo de cualquier situación que te lleve a pecar. En la cultura de Corinto, como en muchas partes hoy, la inmoralidad sexual era común y aceptada. Pero el llamado de Dios es claro: no juegues con fuego.
2. “Peca contra su propio cuerpo”
El pecado sexual no solo daña la relación con Dios y con los demás—también te afecta a ti mismo, en lo más profundo. Es un pecado que deja marcas en el corazón, la mente y el cuerpo. Dios no quiere eso para ti.
3. “Su cuerpo es templo del Espíritu Santo”
Si eres creyente, el Espíritu de Dios vive en ti. Tu cuerpo no es solo físico—es un espacio sagrado. Eso cambia totalmente la forma en que deberíamos tratarlo: con respeto, cuidado y santidad.
4. “Ustedes no son sus propios dueños”
Nuestra vida no nos pertenece. Jesús pagó por nosotros con Su sangre en la cruz. Eso significa que nuestras decisiones—incluyendo las que tienen que ver con nuestro cuerpo—deben reflejar que somos propiedad de Dios, no de nuestros deseos.
5. “Honren con su cuerpo a Dios”
No se trata solo de evitar el pecado, sino de usar nuestro cuerpo para glorificar a Dios. Cómo vives, cómo te comportas, cómo te cuidas—todo eso puede ser una forma de adoración.
🙏 Aplicación para Hoy
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Pregúntate: ¿Estoy cuidando mi cuerpo como lo que es—un templo donde habita Dios?
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Piensa: ¿Estoy tomando decisiones que honran a Dios con mi cuerpo y mi sexualidad?
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Recuerda: Fuiste comprado con un precio altísimo—¡la vida de Jesús! Tu valor no lo define el mundo, lo define la cruz.

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