Nadie permanece para siempre en este mundo—por eso, sin lugar a dudas, esta es la pregunta más importante que puedes hacerte en toda tu vida:
“¿A dónde iré después de la muerte?”
La Biblia responde esta pregunta con claridad. En 1 Juan 5:13, se nos dice que podemos tener la seguridad de que tenemos vida eterna. ¿Pero cómo es posible tener esa certeza?
1. Reconocer que somos pecadores
Primero, debemos admitir que somos pecadores. Si no reconocemos nuestro pecado, nunca veremos la necesidad de un Salvador. La Biblia lo deja muy claro:
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”
—Romanos 3:23
Nadie es perfecto. El pecado nos separa de Dios, y sólo al reconocerlo podemos empezar a buscar la salvación.
2. Arrepentirse y volverse a Jesús
Luego, la Biblia nos llama al arrepentimiento. Arrepentirse no es sólo sentirse mal, sino cambiar de dirección: alejarse del pecado y volvernos hacia Jesucristo. Es un cambio de corazón, de mente y de actitud.
“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”
—Marcos 1:15
Esto no significa que serás perfecto, sino que estás dispuesto a seguir a Jesús y dejar que Él dirija tu vida.
3. Recibir a Jesucristo por fe
La verdadera fe no es solo conocer hechos sobre Jesús o estar de acuerdo con ellos; es confiar plenamente en Él. Incluso el diablo cree en Dios, pero no lo ama ni lo sigue (ver Santiago 2:19).
Recibir a Jesús significa confiar en Él como tu Salvador y Señor, tanto en esta vida como por la eternidad. La vida eterna no se gana por obras, sino que es un regalo que Jesús ya ganó para nosotros mediante su muerte y resurrección.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.”
—Efesios 2:8
Cuando confiamos en Jesús, Él cambia nuestra culpa por su perfección. Ese es el corazón del evangelio.
4. Nacer de nuevo
Jesús dijo que quienes reconocen su necesidad, se arrepienten y creen en Él son nacidos de nuevo—no físicamente, sino espiritualmente.
“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”
—Juan 3:3
Nacer de nuevo significa comenzar una nueva vida en relación con Dios, una vida que comienza ahora y dura para siempre.
5. Confiar en las promesas de Dios
Nuestra salvación no se basa en sentimientos, sino en las promesas firmes de Jesús. Podemos confiar en su Palabra:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”
—Juan 5:24
Esta es la seguridad que todos buscamos: saber que, en Cristo, hemos pasado de muerte a vida y que no hay nada que temer ni en la muerte ni en el juicio.
Si nunca has tomado esta decisión de fe, no hay mejor momento que ahora. La eternidad es real, y Jesús te invita hoy a comenzar una relación con Él que durará por siempre.

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